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Cuentos emocionantes para una Educación Emocional

CUENTOS EMOCIONANTES PARA UNA EDUCACIÓN EMOCIONAL

Ruth Cabrito García.

Edición Personal. 2015

Dirigido a padres y educadores que apuestan por una educación consciente. Este libro se vale de cuentos, reflexiones breves sobre conceptos de inteligencia emocional y juegos sencillos, los cuales tienen como objetivo acercar a adultos y niños las herramientas clave que permiten hacer una gestión emocional adecuada.

Estos cuentos y actividades son un complemento perfecto al entrenamiento y formación que se ofrece en las Escuelas de Padres. Además, también es un punto de apoyo para aquellos docentes que trabajan por un modelo educativo que sitúa en el mismo plano de importancia la transmisión de saberes y el entrenamiento emocional de cada persona, dirigiéndola hacia una gestión segura y responsable de sus emociones.

El color de las emociones

Había una vez un rey muy querido por su pueblo que decidió abdicar en su hijo heredero. Pensó que había llegado el momento de que su hijo ocupara el trono. Sabía que éste estaba preparado y confiaba en que sería un monarca querido y respetado por su pueblo como lo había sido él. Además, aunque se sentía cansado, no era demasiado viejo y aún podría ser, durante muchos años más, un apoyo para su hijo sin tener que llevar la pesada carga de la corona sobre su cabeza.

Durante todos estos años, el rey había reinado con responsabilidad y mesura, tratando de buscar el mayor beneficio para todos. El reino no era muy grande, tampoco rico, y estaba asentado en terrenos áridos, si bien ocupaba un lugar estratégico en el tránsito de personas y de caravanas de comercio. Por ello durante los primeros años de su reinado se había visto obligado a participar en muchas guerras, unas que permitieron que su territorio se expandiera y otras para librarlo de los invasores que querían reducir y someter a su pueblo. Pero afortunadamente, esos tiempos ya habían pasado y ahora eran momentos de paz y de progreso.

El rey reunió a su familia, esposa, hijos y nietos para anticiparles la decisión que había tomado y que comunicaría a su pueblo en unos días. Les informó también de cómo quería devolver a su reino parte de lo que en otras épocas se vio obligado a destruir. Había decidido dedicar la mayor parte de su tiempo y esfuerzo a una de sus pasiones: diseñar y cultivar espacios naturales y jardines a lo largo de todo el reino, que contribuirían a crear riqueza y reverdecer el entorno.

Siete semanas después tuvo lugar la ceremonia de abdicación del Rey. Todos los ciudadanos se congregaron en la pradera que se extendía alrededor del palacio. A pesar de la decisión del rey, triste para él, era un día de fiesta y celebración.

El Rey, acompañado de toda su familia, salió al balcón de palacio y frente al atrio, preparado para su discurso, comenzó a hablar una vez se acallaron los vítores de su pueblo. Cuando llegó el turno de palabra del joven heredero y futuro rey, el Rey se apartó a un lado. Uno de sus nietos, que participaba por primera vez en una celebración de este tipo, se acercó al viejo Rey y le dijo bajito:

libro

—Abuelo, ¿te has dado cuenta de que cada persona es de un color?

—Claro, hijo. Los seres humanos tenemos colores distintos de piel. Y nuestro reino está situado en un lugar de tránsito, lo que ha permitido que gentes de todas las procedencias y razas vivan en armonía y paz —le contestó el Rey sonriente y satisfecho.

—No, abuelo, no me refiero al color de su piel — dijo el niño, impaciente porque no se sabía comprendido— . Sus corazones, abuelo. Sus corazones tienen distintos colores.

—¿Sus corazones? ¿Qué quieres decir con sus corazones? —preguntó el Rey extrañado.

—Abuelo, algunas personas que están ahí abajo ahora tienen el corazón de color azul y amarillo. Otras tienen el corazón rojo, pero no del color rojo corazón, sino del color rojo de esas guindillas tan picantes que cultivas al fondo de tu jardín y que nos dices que no comamos. Otras tienen el corazón gris y naranja. Muchos lo tienen de color verde, pero un poco azul también. Cada persona tiene el corazón de colores. Los corazones son como las flores que tú cultivas.

—¿Y tú puedes verlo? —le preguntó el Rey extrañadísimo.

—Sí, abuelo —dijo el niño—. ¿Te acuerdas de tu escolta, el que perdió a su anciano padre hace unos meses? Pues su corazón aún está azul aunque menos que antes. Y ves, María, nuestra cuidadora, su corazón es amarillo brillante, mamá nos ha dicho —Bajo la voz con la intención de contarle una confidencia a su abuelo— que está esperando un bebé.

»¿Y ves a Hugo? —Señaló el niño a uno de sus pequeños primos—. Su corazón, en este momento, es de color gris, nunca había salido a este balcón y tiene miedo de caerse. Lo está pasando fatal —dijo el niño con expresión de lástima.

—Puedes ver el color de las emociones de las personas. ¡Eso es prodigioso! —dijo el Rey casi en un grito.

—Sí, abuelo. Además, el corazón no tiene siempre el mismo color. Cambia de color incluso a lo largo del día. La verdad es que es bastante útil. Si el corazón de mis hermanos está azul, sé que están tristes y dejo que se les pase. Si es gris o negro, seguro que tienen miedo y quizás puedo ayudarles en algo. Si su corazón es rojo, no me acerco: seguro que están enfadados. Si su corazón es amarillo, podemos jugar durante horas. Y por la noche el corazón verde nos ayuda a dormir tranquilos y serenos.

—¿Y de qué color es mi corazón ahora? —le preguntó el rey.

—Hace un rato era azul y amarillo. Pero ahora se está volviendo verde —contestó el niño.

—Eso es porque ahora sé que cuando tu padre abdique, como ahora yo, este reino tendrá un gran monarca. —Acarició la cabeza de su joven nieto con satisfacción.

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Páginas: 140
ISBN: 978-84-9946-372-8
Precio: 17 €
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